Hondarribia a pedales

Hondarribia y Alrededores may 25, 2012 0 Comentarios

Las bicicletas son para el verano… y para la primavera, y el otoño… Ahora que sale el sol, os proponemos un plan irresistible.

Después de una jornada de trabajo, nada más levantarse en un fin de semana romántico, en una tarde tonta de esas en las que uno no sabe muy bien qué hacer… qué mejor plan que coger la bici y recorrer Hondarribia a golpe de pedal.

En el Hotel Jaizkibel tenemos 4 bicicletas , de uso gratuito, a disposición de nuestros huéspedes así que cogemos una bici y salimos del Hotel dispuestos a disfrutar de un paseo diferente.

Bajamos la calle Jaizkibel hasta coger el Bidegorri a la altura de las murallas, bordeando los imponentes muros de la ciudad medieval, llegamos a la zona de la Alameda dónde tras saludar al “hachero” que desciende del arco de Santa María seguimos nuestro camino disfrutando de los jardines rumbo a la “dársena de veteranos”.

Recorremos la zona del Puntal, siguiendo la desembocadura del Bidasoa y nos llaman la atención las barcas de colores apoyadas en el pretil y los pescadores que con sus cañas aguardan pacientes vigilando el sedal.

La vista es impresionante, a un lado el mar y la vecina Hendaya,  y al otro los jardines de Javier Ugarte sobre los cuáles surge imponente el Castillo de Carlos V y la Parroquia de la Asunción y del Manzano. Seguimos pedaleando tranquilamente, respirando aire puro y olor a mar.

Enseguida entramos en el Paseo Butrón, y aunque las animadas  terrazas invitan a un descanso fijamos nuestra vista en el Puerto que ya divisamos a lo lejos…

El paseo es llano y muy espacioso por lo que nos permite ir a nuestro ritmo sin perder detalle de las hermosas casonas que vamos pasando.

Enfilamos ya el último tramo del paseo camino del puerto, bordeamos la extensa playa, y divisamos ya los mástiles de los barcos de pesca, atracados en el puerto refugio. Abandonamos el carril bici para entrar en las instalaciones del puerto. Vemos los barcos de colores, amarrados unos contra otros, algún pescador terminando la faena, las rederas cosiendo las redes dañadas en alta mar, las gaviotas buscando algún pescado que haya caído durante la descarga. Más adelante las cajas apiladas esperan a ser utilizadas tras otra jornada de pesca, la fábrica de hielo a pleno rendimiento para abastecer a los barcos y llegamos al final de nuestro camino.

Ahora si, ahora si que merece la pena bajar de la bici para sentarse en el espigón del puerto y contemplar el mar, o la mar, como decimos por aquí, escuchando el sonido de las olas rompiendo contra las rocas….

 

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