La historia de Hondarribia en el Museo Oiasso

Hondarribia y Alrededores, Visitas y Excursiones feb 23, 2011 0 Comentarios

Hace poco dábamos varias razones para visitar Hondarribia, y una de ellas consistía en la posibilidad de descubrir un patrimonio histórico y cultural único y muy rico. La propia ubicación de la localidad, entre dos naciones que han desarrollado sus imperios envueltos en guerras y trifulcas, la situaba como un enclave potencial para ser testigo de momentos importantes de la historia, pero no nos quedemos en los países modernos, sino que vayamos más allá. Incluso antes de que empezara la historia, cuando la escritura ni se esperaba, es decir, a la prehistoria. Y es que Hondarribia ha estado poblada antes de ser Hondarribia, antes de que los primeros seres humanos se vieran como tal.

Pero si hay un momento clave en vestigios fiables y ricos ha sido la época romana, en la que la bahía que recoge la desembocadura del río Bidasoa acogió un prospero puerto del imperio romano. Puerto que tenía una gran actividad y cuyos rastros hoy pueden seguirse en diversos yacimientos como las minas de Arditurri en la cercana Oiartzun.  Todas estas historias han comenzado a recogerse en el Museo Oiasso, para dar cuenta a tantos siglos de olvido inmerecido. Y es que la labor del museo es esencial, porque la historia no recogida es inexistente, sobre todo en esta época en la que lo que no existe no se ve. Y es que existen ciudades que han sabido aprovechar su influencia romana al máximo, así como Merida es un ciudad abierta al imperio romano y Tarragona ha sabido consagrarse como ciudad museo es el momento en el que reconozcamos lo nuestro, lo que tenemos aquí.

Museo Oiasso, Irun (Gipuzkoa)

Una herencia desconocida que floreció hace poco al descubrirse una ciudad romana que, según afirma la página oficial del museo, tenía una superficie de entre 12 y 15 hectáreas.  El puerto, por el que se transportaban los metales y minerales obtenidos de la mencionada mina de Arditurri, la cual merece también una visita, eran suficientes para que en esta ciudad se diera una agitada vida de comercio. Pero, como se ha dicho, todos estos descubrimientos son recientes, datando los primeros a la década de los sesenta mientras se realizada una prospección en el cabo de Higuer en Hondarribia, y en los ochenta se dio a conocer la existencia de las minas de Arditurri. Pero es el 1992 cuando se descubrió  el puerto, lo cual confirmó la necesidad de disponer de un museo que narrara esta historia desaparecida.

Pero la historia va más allá, hasta el siglo VII, periodo de los godos, tan odiados por aquellos sufridos alumnos que tuvieron que memorizárselos, donde las primeras fortificaciones aparecieron en la villa. O podemos avanzar hasta el año 1203 en el que la villa consigue serlo por orden de Alfonso VII. O podemos recordar como las murallas del rey Wamba fueron derruidas y tuvieron que reconstruirse por orden de los reyes católicos en las que los famosos baluartes aparecieron.

Por eso no es un error afirmar que Hondarribia es un lugar marcado por la historia, testigo del crecimiento y destrucción, de guerras y tratados, disfrutando de las épocas gloriosas de la historia y defendiéndose en los momentos convulsos en los que pocas bromas podían hacerse. Junto a la vecina Hendaya han demostrado que estar en la frontera es un valor seguro para que el visitante moderno pueda disfrutar y sumergirse en los secretos del pasado.

Lo de hoy ha sido un paseo rápido, rápido e incompleto pues los acontecimientos importantes son muchos más, pero ya tendremos tiempo otros días para ir metiéndonos en cada momento y analizarlos con detalle, para que así, el viajero que decida quedarse con nosotros unos días pueda saber el valor de cada piedra que pisa porque antes que él, grandes e ilustres personajes históricos las pisaron.

Hondarribia y su mar, Hotel Jaizkibel

 

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