Pescadores de Hondarribia

Hondarribia y Alrededores abr 13, 2011 0 Comentarios

Nota.- Datos entresacados que figuran en el libro “LO QUE EL RIO VIO”, de Luis de Uranzu, (seudómino de Luis Rodriguez Gal), escritor Irunés que desarrolló un gran trabajo sobre el Rio Bidasoa, y publicado el 28 de Junio de 1955.

Los nombres de pueblos y ciudades están escritos en castellano. Hoy en día muchos de ellos figuran en Euskera y nos referiremos a ellos entre paréntesis, para ceñirnos lo más posible a las costumbres y datos  de las distintas épocas.

FUENTERRABIA, (Hondarribia) puerto de pesca

Los  Ondarribiarras han tenido siempre fama de diestros y arriesgados pescadores. En toda la costa del Cantábrico nadie les aventajó en la captura del atún. Hoy en día se utilizan modernas embarcaciones que facilitan estos trabajos tan duros y arriesgados.

En noticias de finales del siglo XVI, la pesca en alta mar (merluza, besugos, etc.) que pescaban con cordel y anzuelo, iban pinazas (barco pequeño  de vela y remo) y  grandes traineras tripuladas por 16 o 18 pescadores y tardaban en regresar a puerto, tres, cuatro días y hasta una semana.

Los métodos de  conservación de la pesca era el escabeche para el besugo y la sardina, y secando otras especies. El besugo se pagaba en Fuenterrabía (Hondarribia) en el año 1599 a razón de 6 a 8 reales la docena y la sardina a 10 y 15 reales millar.

También se consumía mucho bacalao traído de Terranova .

Los bidasotarras (referido al Rio Bidasoa, frontera natural con Francia) fueron excelentes pescadores de ballenas. En el sello del Concejo de Fuenterrabía (Hondarribia) del año 1297 figura la captura de un gran cetáceo. Es éste un motivo heráldico frecuente en la costa cantábrica, pero el escudo de Fuenterrabía es el primero en el que se observa el arpón con un calabrote en cuyo cabo va amarrado un boyarín.

La fama de estos pescadores llegó a oídas del rey de Inglaterra que en 1612 pidió al rey de España varios arponeros vascos para enseñar a sus marineros tan arriesgado oficio.

La carne de la ballena era muy apreciada y sobre todo la lengua del cetáceo, plato muy solicitado y que se reservaba a los curas y altas dignidades eclesiásticas. “Era justo que a cambio de las oraciones que dedicaban a los navegantes y pescadores, éstos les reservaran las mejores tajadas de sus capturas”.

También los pescadores tenían sus obligaciones a cambio de la pesca de las ballenas, según consta en un fuero concedido por el rey de Castilla en el año 1237 a Zarauz, que dice textualmente “… y si matareis alguna ballena, me déis una tira desde la cabeza a la cola, según es fuero…”.

En la casa lonja de Fuenterrabía existía un horno para extraer la grasa de la ballena, la cual después de refinada servía para el alumbrado.

La pesca de la ballena era un espectáculo digno de ser visto, y muchos eran los viajeros que al paso por el Bidasoa, disfrutaban del mismo.

Carlos V, en su viaje a Fuenterrabía el 28 de noviembre de 1539, tuvo ocasión de  “ver matar una gran ballena, con gran complacencia”

Gran número de personajes que vinieron al Bidasoa en 1660 con motivo de la boda de Luis XIV de Francia con la infanta María Teresa de España, pudieron apreciar la destreza de los marineros.

Por cierto, que corría entonces el rumor de que las negociaciones que se estaban celebrando en la Isla de los Faisanes, en el río Bidasoa, para firmar la paz de los Pirineos entre Francia y España, se alargarían hasta que volviese una ballena que había sido vista hace unos meses.

Pocos días antes de firmarse la paz, apareció la ballena frente a los acantilados de Socoa (Sokoa, Francia). Los balleneros trabajaron durante cuatro días, al cabo de los cuales, la cuadrilla de Cibouru (Francia), consiguió hacerse con ella.

Hondarribia y su mar, Hotel Jaizkibel

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